El Sitio de Antonio Naval Mas

Bartolomé Bermejo

(Con ocasión de la Exposición de )
Domingo 6 de enero de 2019 por Antonio Naval

Entre octubre de 2018 y mayo de 2019, en Madrid, primero, y luego en Barcelona se ha expuesto un número de piezas significativas del pintor Bartolomé Bermejo. En ella ha habido una relevante ausencia: la “Santa Engracia” del Museo Isabella Stewart Gardner de Boston. La exposición es una selección de piezas expuestas en la anterior exposición de 2003 en Barcelona y Bilbao sobre el mismo maestro pintor. El Catálogo poco aporta con respecto a la bibliografía existente de este pintor, y al de la exposición anterior. Solo de forma sesgada se hace referencia a la tabla de Boston muy significativa y relevante en la producción de Bermejo. Al respecto al menos conviene hacer mención al trabajo:

Tablas con “Santa Engracia” de Zaragoza, en Boston y San Diego,

(Publicado en Antonio NAVAL MAS, Arte de Aragón emigrado en coleccionismo USA, Huesca 1915, pp158-171, aquí ampliado.)

Sus tablas (Las del retablo de Santa Engracia) fueron de las primeras que salieron de Aragón hacia USA, a finales del siglo XIX, al menos de lo que hasta ahora se conoce, y estas tablas son piezas tan sobresalientes entre todas las que emigraron a este país, que bien merecen un atención preferente.

Las tablas procedentes del retablo de Santa Engracia, actualmente en Boston, (Massachusetts) y San Diego (California), son de una extraordinaria relevancia, y, sobre todo, la de Boston, es bellísima, constituyendo una de las pérdidas más lamentables del Patrimonio Aragonés.

La figura de la tabla de Boston desde que salió de España estuvo rodeada de una especie de aura que embrujó a cuantos la contemplaron, hasta que Isabella Stewart Gardner, fascinada, la consiguió para su colección, no sin tesón y esfuerzo económico. Es de esas piezas que quitaron el sueño a quienes las desearon y ansiaron poseerlas frente a cualquier otro pretendiente. Este comportamiento está en el entresijo de la manera de vivir el coleccionismo para quienes han optado por él.

La colección M. Léon de Somzée, de Bruselas, fue extraordinaria, con toda clase de piezas tanto de arte propiamente dicho como de artes suntuarias. Entre las de la antigüedad clásica las hubo de un valor sobresaliente. El retablo aragonés de San Pedro, actualmente del Museum of Fine Arts de Boston, presidió la sala principal de la mansión Somzée, sirviendo como de aureola a la tabla de Santa Engracia que, colocada entre las tablas de la predela de aquel, atraía la atención por encima de cualquier otra maravilla artística allí contenida. Cuando la colección salió a la venta se hizo un catálogo de dos tomos, monumental por las dimensiones, y cuidado en la presentación, acorde con el valor de todas y cada una de las piezas que ciertamente lo tenían. En este catálogo, la introducción a cada uno de los tomos dedica su más destacada mención en el último párrafo, a Santa Engracia que excepcionalmente es identificada en letras mayúsculas. El efecto que tal maravilla producía lo describe diciendo, “...al fondo, está el gran políptico español [se refiere al retablo de San Pedro] cuyo esplendor no apaga la majestuosidad de ENGRACIA, que lo domina. En frente de esta perla, la tapicería…” (1)

Isabella Stewart Gardner, vio por primera vez la tabla de Santa Engracia, junto con Ralph W. Curtis, un pintor asesor, en el Pabellón de Bruselas de la exposición de París del año 1900. Isabella la quiso comprar desde ese momento, pero no lo consiguió.

Curtis, el 8 de febrero de 1901, cuando se enteró que iba a ser vendida la colección Somzée, escribió a la señora Gardner diciéndoselo. Afirmaba que había sido la pieza más interesante de toda la exposición, y añadía, de acuerdo con la información que entonces se tenía, que era la Santa Catalina, de un desconocido flamenco influenciado por Van Eick, pero de una factura mucho mejor. Añade que si estuviera en sus posibilidades daría 60.000 francos por la tabla.

Ralph W. Curtis intentó comprarla directamente de Somzée en 1901, pero no debió conseguirlo, pues salió a subasta el 27 de mayo de 1904. Isabella, de especial sensibilidad con respecto al arte y muy persistente en perseguir las obras que quería para su colección, no cedió hasta que consiguió llevársela. La categoría de los contrincantes en la subasta es significativa para deducir el interés que ofrecía la obra, interés que se constata al contemplar su singular factura y acabado. Se supone que la señora Gardner, a través de su agente Robert, persistió en un empeño y en la mencionada puja la consiguió frente a las ofertas de los museos de Bruselas y Budapest (2). Ralph W. Curtis, cuando poco después se enteró de que Isabella la había comprado, le escribió diciéndole “Viva la reina y viva Santa Engracia. Todas mis felicitaciones. Usted posee la más bella manifestación gótica de las Américas” (3).
Por Sampere sabemos que la tabla había llamado la atención de los críticos cuando fue expuesta en la New Gallery de Londres, en el año 1900, antes de ir a la exposición de París ese mismo año. En aquella ocasión uno de los que se quedaron embelesados fue Friendlaender, especialista en pintura flamenca (4).

Elías Tormo nos dice que la popularizó una fotografía de la casa V.A. Bruckmann de Munich, en 1904. No queda claro si fue en el artículo de Claude Phillips en Daily Telegraph del 13 de diciembre de 1904 (5).

D.W.H. James Weale al reseñar la exposición, de entre los cinco cuadros que considera extranjeros a la escuela neelandesa, citaba en primer término “… la muy notable figura, de tamaño natural, de una santa […]. se trata ciertamente de Santa Engracia y no de Santa Elena. Este interesante cuadro debe ser obra de uno de los artistas alemanes establecidos en Zaragoza al principio del siglo XVI” (6).

Al contemplar esta tabla con la singular figura de esa mujer conocida como Santa Engracia, realmente se percibe que es algo diferente a lo habitual. Resulta admirable la descripción que de ella hizo Elías Tormo, y, a su vez, es un placer ver la forma de escribir de los antiguos maestros. En este caso es como si la fascinación por la elegancia de la dama le hubiera estimulado hasta conseguir quedar a su nivel. Merece la pena recoger la cita en su integridad porque ayuda a captar el embrujo de la tabla:

“La Santa lleva caprichoso peinado y tocado de magnifica elegancia, con rebocillo de gasas transparentes, perlas y red amplia de oro (¿) y una corona de altos y ricos flordelisados, singularmente enhiesto el central, llevando al escotado cuello una cadena de redondos amplios eslabones. Viste sobretúnica de brocado en rojo, muy escotada a las aberturas de los hom¬bros, con borde del forro de armiños y que parece recogida en parte por la mano siniestra, luciendo el faldellín de la túnica interior y el chapín de suela alta o recia metálica con letras no descifrables y hebilla en la correa que la sujeta al zapato. Sobre el todo viste una como capa pluvial, azul, de terciopelo (¿), de cuello vuelto y franja riquísima, con su borde interior de perlas que no sigue por el cuello, sino que hace trabilla de enlace permanente de las dos caídas. En el puño, transparentísi¬mo cendal, caída de la finísima camisa. La santa, con tal espléndido lujo, muestra la modestia de su virtuosa actitud por la mirada caída; el labio prognata, acentúa la expresión de su faz alargada y de estrechez acusada hacia el mentón” (7).

Décadas después también era objeto de los mejores elogios por parte de Camón Aznar: “Es una figura de delicada esbeltez, de módulo gótico, de rostro sensitivo y concentrado, y de una altitud de la más grácil flexión. Figura que en canon y sentido estético es similar al San Miguel de Tous” (8).

Ni la procedencia ni la autoría están documentadas, pero los expertos son unánimes en afirmar que fue pintada por Bartolomé Bermejo, y, hasta ahora, no han puesto en discusión la procedencia de Daroca (Zaragoza).

La apoyatura para la procedencia de esta ciudad radica en que en Daroca se conservan dos tablas, o más exactamente tabla y media, y parte del guardapolvo, de un retablo dedicado a Santa Engracia, con el que indudablemente están relaciona¬das las tablas de Boston y la de San Diego. En el museo de la Colegiata de Daroca, se conserva parte de una tabla cuyo tema es el Encarcelamiento de la Santa. Está incompleta pues ha perdido la parte inferior. Los expertos siempre han considerado que procede del retablo cuya tabla titular es la de Boston. La misma procedencia se da a una tabla con la Crucifixión, que se considera formó parte del mismo retablo que las tablas que actualmente están USA. Esta tabla está rodeada, en tres de sus lados, por otros tantos fragmentos del guardapolvo. Igualmente se ha relacionado con el mismo conjunto, aunque no de forma unánime, una predela que también se conserva en el mismo museo. La presencia de estas tablas en Daroca es lo que ha llevado a pensar que para esta ciudad fueron hechas todas ellas como parte de un retablo.

Hay otra tabla claramente relacionada en el estilo y tema con las tablas anteriormente mencionadas. Es la que está en el Museo de Bellas Artes de Bilbao y se refiere al tormento de la Flagelación infligido a la Santa. Faltaría al menos otra que se considera perdida.

En todo este conjunto de piezas dispersas, destacan las dos tablas que actualmente están en los Estados Unidos. La del Museo de San Diego, con el tema del Arresto de Santa Engracia es espléndida, pero a todas supera la conservada en el Museo Isabella Stewart Gardner, de Boston. Con todas ellas se han formulado varias propuestas de reconstrucción del retablo de las que la de Boston sería la tabla central.

Pero, las noticias documentadas más antiguas que se tienen de esta tabla la localizan en Zaragoza, no en Daroca, vinculada a la significativa iglesia con la advocación de la Santa que allí existe. Esta iglesia destruida por la invasión francesa de 1806, habría sido construida a principios del siglo XVI. Dada la vinculación de la Santa a Zaragoza, se debe suponer que era edificio en sustitución de, al menos, otro anterior. La iglesia del siglo XVI formó parte de un antiguo convento de Jerónimos. La portada de la iglesia es obra de Gil de Morlanes y es de lo poco que se conserva en la iglesia actual que es construcción del siglo XIX mucho mayor que la anterior (9).

El Catálogo Somzée dice que, a raíz de la supresión de órdenes religiosas, la tabla de Santa Engracia fue salvada por una familia, de una iglesia dedicada a esta Santa, que estaba en el paseo más importante de Zaragoza, que conducía a esta iglesia, y que fue llevada al Tribunal Civil de Zaragoza por el archivero (10) . Philippe Hendy afirma que fue comprada por Somzée en Zaragoza antes de 1899 (11). En realidad Gaya Nuño ya afirmó que se creía que procedía de Zaragoza, siguiendo a Post que conoció el catálogo de Somzée (12).


Arriba: Grabado del siglo XVI, con ubicación de la iglesia de Santa Engracia.

Izquierda: Plano de Zaragoza de 1809, con red viaria como en el siglo XVI, con ubicación de la iglesia.

Derecha: Plano de Zaragoza de 1853, abierto el actual Paseo de la Independencia. Es a esta actuación a la que se refiere el Catálogo de Somsëe


Esta información, dada su antigüedad, y la directa vinculación al propietario Somzée, pues es el catálogo de sus obras, obliga a revisar la procedencia real de la tabla y de todo el conjunto del retablo, proponiendo la propia ciudad de Zaragoza frente a Daroca.

Frente a tal evidencia y creíble fuente, a falta de o