Edición única. Fue base y soporte del litigio de los bienes entre las diócesis de Lérida y Barbastro-Monzón, tras la reestructuración que tuvo lugar en 1995
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PATRIMONIO EMIGRADO
Realizando el Inventario artístico de Huesca y su provincia, hacia 1980, para el Ministerio de Cultura, constaté que habían desaparecido piezas de arte. Años después empecé a indagar dónde podían estar. El resultado fue la redacción de una treintena de estudios con la consiguiente localización que fueron publicados entre 1990 y 1991 en el Diario del Altoaragón. Esto dio pie para que profesores del Departamento de Historia del Arte la Universidad de Zaragoza, con el patrocinio de la Diputación Provincial de Huesca, al año siguiente, 1993, hicieran una exposición en Huesca, «Signos» trayendo una parte de las piezas identificadas y localizadas. En la correspondiente publicación no se hizo ni una sola mención a mis numerosos trabajos de investigación previos sobre el tema.
En 1999 fueron la base de Patrimonio Emigrado. Con posterioridad en los años 2002-2003, publiqué en el mismo diario otra cuarentena de colaboraciones relacionadas con el Patrimonio que estaba disperso procedente de estas tierras.
Una parte importante de las piezas localizadas estaban en el Museo Diocesano de Lérida a donde habían sido llevadas por el obispo Meseguer en torno al año 1900 con el objetivo de poner a salvo las obras de arte, a veces de destacada calidad, que se estaban perdiendo en las parroquias. Entonces muchas de ellas procedían de la provincia de Huesca pero, por estar adscritas a la Diócesis de Lérida, debido a la correspondiente demarcación eclesiástica, fueron a parar a esta ciudad. El libro Patrimonio Emigrado fue decisivo punto de apoyo para la reivindicación de las piezas de arte que pertenecían a las parroquia de Barbastro cuando en el año 1995 fueron restructuradas ambas diócesis. Esta reestructuración supuso un largo litigio entre las dos diócesis que acabó en los tribunales civiles, como consecuencia de la permisividad y dilación de los eclesiásticos. Quedan todavía piezas en el Museo Diocesano de Lérida.
Durante toda esta investigación constaté que también había otras piezas en otros lugares de España y dispersas por diferentes países preferentemente en Estados Unidos. A raíz de la formación de los museos americanos a partir de finales del siglo XIX hubo un trasiego de anticuarios que buscaron y rebuscaron por almacenes y trasteros de catedrales y parroquias llevándose por cantidades simbólicas piezas, en ocasiones de valor, que acabaron en los Estados Unidos de América. Esto se incrementó en los años veinte del siglo XX. Por esta razón esta publicación Patrimonio Emigrado fue el arranque de otra investigación que se plasmó en las dos ediciones de Arte aragonés emigrado en coleccionismo USA (1915 y 1923). El tema no está agotado, entre otras cosas porque faltaría hacer una investigación semejante con respecto al Patrimonio aragonés que está en los países europeos. En realidad comencé este nuevo trabajo que está inconcluso.
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Trabajos relacionados:
https://antonionavalmas.net/otras-publicaciones-4-patrimonio-emigrado/
https://antonionavalmas.net/categoria/patrimonio-artistico/litigio-barbastro-monzon-y-lerida/
https://antonionavalmas.net/relacion-diacronica-del-litigio-barbastro-monzon-y-lerida-sobre-bienes-artisticos/
https://antonionavalmas.net/arte-de-aragon-emigrado-en-coleccionismo-usa-2a-edicion/
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Patrimonio Emigrado
ISBN 84-699-0035-8
DL HU 20/99
255 pp, imágenes
Edición 1999
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Patrimonio Emigrado
[Publicado en el diario Heraldo de Zaragoza,el día 26 de septiembre de 2005]
El reconocimiento de la vuelta irrevocable de los bienes artísticos de las parroquias transferidas, ahora hace diez años, nada tiene que ver ni en fundamentación ni en argumentación legal, ni mucho menos en las razones políticas, con el arriesgado enfoque dado a la cuestión del archivo de Salamanca. Es mera coincidencia lo que hay en las reivindicaciones. No se trata, en consecuencia de comenzar una cadena de reclamaciones para las que ha sentado mal precedente la reclamación de parte de este archivo. Con esta concesión no puede quedar abierta la puerta para solicitar indiscriminadamente piezas que, en muchas ocasiones, desaparecieron como consecuencia de la desidia y descuido, si no fue por la ambición económica de sus anteriores propietarios.
Hecha esta precisión para no perder el horizonte, los temas pendientes en cuestión de Patrimonio religioso, están regulados por un ordenamiento canónico que responsabiliza a la administración de la Diócesis por encima de otras entidades, como son las parroquias y monasterios. Este es el momento en que debe incrementarse la actividad para la recuperación de otras piezas que no debieron salir de los pueblos pero que se han conservado. Entre ellas está todo lo relativo a la parte del patrimonio artístico de Sijena susceptible de ser recuperado. Los frescos de la Sala Capitular, exhibidos en el Museo de Arte de Cataluña están documentados como depositados. Consecuentemente debe acelerarse la gestión de su vuelta. En el Museo Diocesano de Lérida hay piezas tan importantes como la Silla de la abadesa Doña Blanca, que es pieza única. Ni ésta ni otras obras están en el reciente listado de piezas a entregar porque todavía no se ha cuestionado su entrega. Algo diferente y más complicado es el asunto de las ventas realizadas por las religiosas en 1983 y 1992. Fueron efectuadas con permiso canónico, pero ocultamente, de forma que el Gobierno de Aragón no pudo ejercer el derecho de retracto que podía invocar en ese momento. En la catedral de Lérida, por otra parte, hay una serie de objetos procedentes de Roda de Isábena, cuya situación legal debe revisarse a partir de ahora.
De Pompien (cercanías de Huesca), es un retablo también depositado en el Museo de Arte de Cataluña, desde la guerra civil. En este caso es de propiedad privada. Los numerosos miembros de la familia propietaria deberían facilitar la gestión de su retorno. Es pieza de sumo interés porque es obra de autoría documentada. Está conservado es estado deplorable. Con respecto al retablo de Berbegal el obispo Sanz Montes se ha encontrado con las primeras gestiones realizadas, por lo que debe dedicarse sin dilación y con intensidad hasta lograr una recuperación a la que está obligado.
No es un botín, lo que va a recibir el Obispo de Barbastro Monzón, y, por lo tanto, no puede darle tratamiento de botín. Debe conservarlo al menos como lo ha conservado la Diócesis de Lérida. Son piezas que no pueden ser reclamadas por los pueblos, entre otras cosas porque no supieron conservarlas en las parroquias. En no pocos casos, ni siquiera sabían que les habían pertenecido hasta que comenzamos a divulgar el tema en la década de los noventa. La conservación del arte y el mantenimiento de los museos es algo complejo y costoso que no se puede llevar a cabo en cualquier sitio, y mucho menos mediante la dispersión.
En cualquier caso es de justicia reconocer que si las piezas pueden volver es porque hubo unos obispos, los de Lérida, que fueron responsables frente a la incuria de curas y feligreses. Por eso se han sacado las cosas de quicio cada vez que se ha hablado de expolio, todo lo más que se puede decir en este momento es que hay una retención abusiva de propiedad ajena.
