En el siglo XVI La comunidad de Sigena encargó un retablo para la capilla Mayor de su monumental iglesia con ábside románico. De acuerdo con la forma de actuar de la comunidad esta nueva incorporación fue planificada con la pretensión de que fuera algo destacado por ser sobresaliente. Una vez más buscaron un maestro pintor excepcional cuya obra en este caso era desconocida en el Alto Aragón. Este retablo, verdaderamente grandioso por sus dimensiones y estilo presidió la iglesia hasta el siglo XVIII en que fue sustituido por otro tallado en madera, de no menos monumentalidad y más acorde con los gustos del momento. A partir de entonces las tablas del anterior fueron repartidas por diferentes estancias del Monasterio. Con posterioridad, cuando la comunidad entró en el periodo de escasez como consecuencia de la Desamortización, las tablas fueron desapareciendo por venta.
