Murallas de Huesca

Ronda. torreón del Amparo e iglesia de San Miguel

Responden a la faceta militar de Huesca, muy importante en la formación del Reino de Aragón. Junto con la universitaria, y actualmente,  la de capitalidad provincial,   son las funciones  que la han distinguido a esta ciudad. Concomitante  a todas ellas ha sido la de ser Sede Episcopal.

[Ponencia presentada en las «VII Jornadas de Castellología Aragonesa» , Calatorao (Zaragoza) 7-9, nov. 2014. ARCA (Asociación para la recuperación de Castillos de Aragón). Publicado en CD.]

 

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Murallas de Huesca

Antonio NAVAL MAS

Los recintos defensivos de  la ciudad de Huesca, constituyen uno de  restos más representativos de la trayectoria histórica de esta ciudad. Son documento de una de las razones de ser de la ciudad. Responden a su faceta militar, muy importante en la formación del Reino de Aragón. Junto con la universitaria, y actualmente,  la de capitalidad provincial,   son las funciones  que la han distinguido. Concomitante  a todas ellas ha sido la de ser Sede Episcopal.

Las murallas de Huesca, aunque en deterioro desde el siglo XVI, como en otras ciudades, sobrevivieron a la fiebre destructiva de las demoliciones de murallas en el siglo XIX. La explicación reside en estar  en buena parte ocultas por las edificaciones que se apoyaron en ella. Recuperables en algunos tramos,  es monumento que  debió y debe cuidarse, dada su significación.

El sustrato de estas murallas se remonta a época ibera con claros vestigios como son los contrafuertes que había por el interior de las mismas.  Bolskan las tuvo dada su relevancia histórica en su momento.  Presumiblemente  descuidadas en el inicio de la  época romana, serían posteriormente  rehabilitadas,  constituyendo un recinto irreductible en la Alta Edad Media dada la dificultad que ofrecieron a los árabes, según su propio relato. Estos las rehicieron  con soluciones consistentes. El testimonio más antiguo de Al Udrí, siglo XI, da a entender que era dos los recintos. Base de las fortificaciones medievales, en época cristiana fueron reforzadas en los puntos más débiles de acuerdo con la estrategia del momento. En el resto del perímetro el mantenimiento no siempre fue cuidadoso, sobre todo cuando las rehicieron en caso de premura, como sucedió con ocasión de las guerras de los Pedros, en el siglo XIV. Los indicios conservados de diferentes momentos permiten llegar a estas conclusiones. En cuanto a la repetida afirmación de que eran dos las murallas, con toda probabilidad la más exterior era un muro de tapial que desde época árabe protegió los arrabales y fue ampliado en época medieval. Como en cualquier otra construcción de este tipo y de tan destacada antigüedad se pueden distinguir sucesivas y distintas  intervenciones que hacen tan complejo como interesante su estudio.

Como consecuencia de su consistencia y  no al margen de haber sido soporte de edificaciones desde el siglo XVI han llegado  a nuestros tiempos en buena parte de su recorrido, aunque  en diferentes grados de conservación. A partir de la década de los setenta, del siglo XX, no siempre tuvieron la  consideración que se merecían  y no pocas veces fueron eliminadas en aras de la afán  constructivo, mermando considerablemente lo que hasta entonces se había conservado.

Con otras sensibilidades, en la actualidad, no siempre su mantenimiento y recuperación  ha sido el más adecuado cosa que ha sucedido siempre que se ha dado relevancia a la intervención  a costa de la prioridad que merece toda intervención en el patrimonio arquitectónico.

 

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Bib.: A, NAVAL MAS Huesca, ciudad fortificada, Huesca, 2024, 260 pp.,  plano arqueológico (1997), planos, fotos,  dibujos.

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