Es anexo a «La Catedral de Huesca» (2020), que analiza el alero, tejaroz o rafe que protege de forma original y distintiva la portada de la Catedral. Sus canes están tallados formando parte de un mismo mensaje, descrito con ambigüedad pero siendo posible detectar o, al menos, intuir cuáles fueron sus fuentes de inspiración. Las figuraciones del tejaroz están insertadas en el relato doctrinal y moralizante que es toda la catedral.
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LOS CANES DEL TEJAROZ DE LA CATEDRAL DE HUESCA
Antonio NAVAL MAS
(Foto ANM, 2024)
Como con tantas otras reliquias del pasado el tejaroz o rafe de la portada de la Catedral, tiene más de enigma para nosotros de lo que fue de mensaje para aquellos para los que fue hecho. Es la fuerza expresiva de la metáfora, la analogía, la hipérbole, y otras alusiones usadas cuando se quiere decir algo sin decirlo todo. Esto implicaba e implica que, el que lo lea, ponga algo de su parte de acuerdo con lo que según sus recursos y conocimientos puede poner. En esta operación epistemológica, es insoslayable tener presente que en la Edad Media y siglo XVI, el modo de comunicar conocimientos no correspondía a una exposición discursiva que resultara evidente por estar bien articulada, metodología que se generalizó después tras la difusión del racionalismo cartesiano. Fue una época en que los emblemas, divisas, empresas, motes, acrónimos, acrósticos, alegorías, jeroglíficos… eran una forma de comunicar. Es más que una cita adjuntada aquí el que en Rosarium Philosophorum, (anónimo de 1550, tratado de Alquimia) se recoja una afirmación relacionada con los alquimistas que tenía tanto de confesión como de afirmación descocada “Cuando hablábamos abiertamente, en realidad, no decíamos nada. Pero cuando escribíamos en lenguaje cifrado y en imágenes, ocultábamos la verdad” El contemplador entonces podía percibir objetos significantes aislados con los que elaboraba su propia percepción, porque como dijo sin ambages Paracelso: “lo que vive según la razón, vive contra el espíritu”
Teniendo uno y otro presente, se puede explicar mejor lo que, por ejemplo, se percibe en la multitud de canes y capiteles románicos, que no fueron puestos en un orden lógico o histórico, sino simplemente yuxtapuestos y, no pocas veces, distribuidos por azar. En esta dialéctica se expresa la cenefa-imposta del interior de la Catedral de Huesca y el conjunto de canes de su tejaroz o rafe.
En la cultura occidental, la europea, desde la incomodidad que era el no saber y conocer con exactitud, y buscar respuestas que no se tenían, se experimentó con todos aquellos recursos y se hizo síntesis de aquellos saberes que pudieran aportar algo. En Florencia cuna del Renacimiento no solo artístico sino de todo saber, pensadores cultos como Marsilio Ficino y luego Pícolo de la Mirándola perfilaron un sincretismo que tuvo amplia aceptación. Creyentes ellos, dibujaron su propio eclecticismo que se difundió y fue válido hasta que el Concilio de Trento creó una nueva ortodoxia. Con anterioridad, otras entidades intelectuales como los teólogos de la Universidad de Paris habían llamado la atención sobre algunas licencias populares como “la fiesta de los locos”
.
El alero de la Catedral de Huesca fue tallado con anterioridad al Concilio de Trento, y Huesca tenía su Universidad que, aunque eminentemente clerical y consecuentemente con preferente referencia a la ortodoxia romana, no estaba al margen de otras corrientes, no siempre ortodoxas. Las bibliotecas de los colegios de Huesca son una fuente aclaratoria según los estudios que ya se han realizado. Después de sus aportaciones se deduce que son más que curiosos los fondos que se acumularon y que afortunadamente se conservan relacionados con las Ciencias ocultas, que eran referentes y recursos ante numerosas dudas y búsquedas de respuestas.
Desearíamos disponer de una nota explicativa o tener una guía para saber qué quiso decir el que dispuso cómo se tallarían los canes del tejaroz de la Catedral de Huesca. No es así. Tampoco fueron puestos allí por capricho o al azar, pero se puede afirmar que usaron la ambigüedad retórica para insinuar más que afirmar. Por esto, ante la falta de deducciones concluyentes, podemos aportar hipótesis de lectura que sean verosímiles, lo cual se da cuando se recomponen unos contextos, y con metodologías filológicas se desentraña el significado de unos signos de uso generalizado. De estos parece que no están al marguen los relacionados con la alquimia.
Los canes de la Catedral y sus insinuaciones
Se podría decir que los canes del tejaroz fueron copia de gárgolas. Al menos en la Catedral de Huesca no hubo este aditamento arquitectónico. Otra referencia podría ser la ornamentación en bajorrelieve de las silleras de coro. Son muy crípticas y no al margen del capricho del tallador. Sin profundizar no es posible sacar deducciones coherentes. La sillería de Huesca (1577-1591), renacentista, es posterior a la datación el tejaroz es la sillería de la Catedral. El montaje del tejaroz de la catedral de Huesca, no fue solamente para proteger la portada. Se programó intencionadamente como se hizo con el resto de la portada y de la ornamentación interior en diferentes momentos de la historia.
Tras estos prenotandos voy a proponer una lectura del tejaroz de la Catedral de Huesca. Sin duda la presencia de sus canes, y no otros, ni es caprichosa ni casual. En todo caso hay que tener presente que, tal como se ha dicho, a lo largo de muchos siglos el mensaje trascendente se ha antepuesto a la estética. Esto es básico en los trabajos hermeneutics. También hay que aplicarlo al tejaroz de la Catedral, donde es un mensaje generalizado el que se está trasmitiendo antes que usar un lenguaje críptico para entretenimiento de eruditos. Es la diferencia entre «exotérico» y «esotérico» . Por eso en él se puedan usar e incorporar signos e iconos, de más difícil lectura, procedentes, por ejemplo, de la alquimia que puede tener en este tejaroz más presencia de la que se puede detectar de una simple contemplación.Es decir, lo más prudente es pensar que cualquier aprovechamiento de fuentes ajenas al usual adoctrinamiento tenían una finalidad catequética que es la tónica generalizada para toda la ornamentación de la Catedral.
Una parte de los canes del tejaroz son figuras con la boca muy abierta, que podrían hacer pensar en haber sido inspirados en gárgolas. En el caso de las gárgolas era exigencia de su condición de desagües. En el can número 6, contando desde la izquierda, presenta la apertura de la boca forzadamente abierta por las manos. Parece que lo que está indicado es voracidad. No hay que descartar que alguno de los canes pueda responder a estereotipos. Es probable en algún caso, pero no parece que todos respondan a patrones generalizados. La figura de alas de murciélago (can núm.3) tiene la mano izquierda en la rodilla izquierda y la derecha en la cara como en otras representaciones con este aspecto. Quizá en este caso coincida con una idea e imagen generalizada. A pesar de poder constatar otras coincidencias, y de no haber una disposición que aparentemente responda a una lógica, todo permite deducir que el conjunto de Huesca quiere decir algo.
Parece que la disposición actual de las figuras en el tejaroz no es la original, que fue alterada con la intervención de los años sesenta del pasado siglo, pero con dificultad se puede deducir algún cambio a través de las fotografías antiguas
. Este rafe o tejaroz está formado por ocho piezas talladas. En el extremo izquierdo está, y probablemente ya estaba antes de la restauración, un personaje con capa y gorra, que exhibe un pergamino. Está descalzo. En el resto hay un león y cuatro seres monstruosos en los que las cabezas son de un ser como un animal pero algunas de sus extremidades tienen miembros humanos. De este conjunto también forma parte la presencia de otra figura que es un humano con sombrero que recuerda a los que generalizan la figura del peregrino, es decir de ala delantera levantada o vuelta. A partir de estas observaciones puede haber diferentes lecturas de las cuales probablemente más de una estará cargada de significado porque el que dirigió al tallista así lo quiso y la pedagogía moralizante era que el contemplador pusiera en la lectura algo de su parte, para así formular un mensaje para utilidad propia. Sin insinuar que se agota el significado en la acumulación de símbolos relacionados con la alquimia, sí que parece que alguno procede de esta ciencia oculta o semioculta y que está ciencia puede estar detrás de todo el conjunto. El conjunto puede ser una síntesis de diferentes referencias.
La figura que pudo estar originalmente situada en el extremo del mediodía, la de las alas de murciélago (Can núm .3) , ofrece los rasgos de aquellas otras figuras semejantes que aluden al inframundo, al averno, donde campa Belcebú, Satán, el diablo…. Es muy probable que tuvo orejas, parecidas a las de las cabras, que en este caso han desaparecido con la erosión. En la iconografía cristiana el demonio y los seres con él relacionados llevan alas que evocan las de los murciélagos y vampiros, plegadas en dos secciones articuladas. En este caso parece que está o estaba devorando algo. Actitud que también caracteriza a otras figuras similares a esta. En relación con esta figura monstruosa, sus actividades se consideraban relacionadas con artes y prácticas como la adivinación-brujería e incluso otras ciencias ocultas, alquimia, cábala, magia astral, astrología y nigromancia, sin que estas sean todas las ciencias ocultas, pues eran muchas más.
En el extremo izquierdo el personaje con un pergamino (Can núm.1), es señor bien vestido y tocado con gorra que denota distinción. Induce a pensar que es una gorra de las llamadas “de vuelta”, más que “parlota” que estuvo generalizada en el siglo XVI. Así observado lleva los pies descalzos, incongruencia con la apariencia de su cuidado vestido. Sin duda, este detalle conlleva un significado. Es alguien que está pisando terreno sagrado por su trabajo, detalle que desde tiempos lejanos relaciona el respeto a la sacralidad con el gesto de descalzarse.
Este señor lleva un pergamino que muestra, como consecuencia de la función sagrada que desempeña que viene a ser la de supervisor o referencia, del ámbito que sea, eclesiástico o civil, con jurisdicción en temas de creencia. El otro ser humano, que aparecen en los canes, actualmente en la séptima posición, es algo así como un peregrino (Can núm 7), lleva un sombrero cuya
ala frontal está levantada. Esta figura por su pose parece mirar al infinito. No hay que descartar que su mirada sea la de un ciego que busca lo que no puede ver. En su lado izquierdo parece llevar una concha de peregrino, pero no hay que descartar que no sea más que el efecto de la erosión sobre las vetas de la madera. En todo caso el apóstol Santiago suponía una destacada significación para los alquimistas vinculada a la idea de camino y búsqueda. Si lo que lleva sobre su brazo derecho es un libro abierto, la evocación sería evidente, expresando a su vez el deseo de conectar con el exoterismo.
De las otras cuatro figuras uno de ellos es un mono con rabo entre las piernas, quizá cohibido como los perros atemorizados, y con las manos en la boca abriendo las fauces (Can núm. 6); Otro estirándose las orejas, también con las
manos (can núm. 2). Los de la redoma y cantimplora tienen rostros aberrantes pero sus pies son humanos (can nums 5 y 8 ). Todos parecen evocar a seres humanos totalmente embrutecidos. Investigadores mejor conocedores de la alquimia sugieren que detrás puede haber inspiración en alguna procesión burlesca, concretamente la “fiesta de los locos”. Incluía máscaras, música y alguien que actuaba como supervisor.
Aparece también un león, (Can núm 4), actualmente en cuarto lugar, presentado con la fisonomía más fiel a su realidad, con la garra derecha en la boca y la izquierda sobre la rodilla izquierda. Como tal león es de las figuras simbólicas de más ambigüedad o de más variado significado, pudiendo ser mostrado distinto en las distintas representaciones en que se le ha usado. Probablemente aquí, una vez más, está aludiendo a la fortaleza y determinación. También formaba parte de la práctica de la alquimia.
Si el peregrino es peregrino (Can núm. 7) y, a su vez, puede ser ciego, está caminando y, al margen de esta otra posibilidad de ceguera, es persona que está buscando en un mundo que le resulta difícil e incluso hostil. Sería la alegoría a la realidad rodeada de un entorno de seres fantasmagóricos, embrutecidos. En ella uno de los seres está estirando sus orejas como quien necesita oír y, otro, ensanchando sus fauces como quien necesita tragar. La sensación de angustia y ansiedad por insatisfacción es palpable. De los otros monstruos uno lleva una cantimplora (Can núm 5) y, el situado en el extremo del mediodía, parece que lleva una redoma (Can núm. 8). Esta, como continente, podía servir para muchos líquidos, pero en este contexto se adivina que puede ser una pócima. En su lado izquierdo tiene un elemento curvado, incompleto por pérdida, que originalmente pudo ser una filacteria ciega, es decir sin inscripción, evocando, como en otras ocasiones, conocimientos crípticos, esotéricos. Esta bebiendo de la redoma, sin duda algún peculiar elixir, atenuante.
El de la cantimplora aparece con un gugel (capucha con una especie de esclavina). En la cantimplora, contenedor para diferentes líquidos, también lo era para el vino. Este elemento, bebido con exceso, en todas las épocas, fue un recurso para atenuar ansiedades. Puede representar a un saltimbanqui, equilibrista y juglar. personajes destinados a entretener y de dudoso comportamiento.
Del león (can núm. 4) solo podemos destacar que su garra derecha está en la boca y la izquierda en la rodilla. La pose de la mano en la rodilla izquierda es común al peregrino y al monstruo de las alas de murciélago. Puede que esta pose sea simplemente un estereotipo. En todo caso es coincidencia que con toda probabilidad supera la de ser mero recurso estético para conllevar un significado. Este puede ser el de determinación en cada uno de sus cometidos.
En un camino ineludible como es el de la vida diaria sometido a la incertidumbre y ansiedad el recurso a sucedáneos que alivien y adormezcan siempre ha sido una necesidad y una tentación. Estos se ofrecían en las ciencias ocultas. El sentido común y la vigilancia establecida imponían los límites. Ese parece ser el papel sagrado que desempeña quien muestra el pergamino. Solo viendo estos símbolos, podemos decir que en ese momento percibían que había un submundo, sin duda dimanando del maligno que creaba ansiedad. En todas las épocas las falsas soluciones se han usado para amortiguar desajustes, como sucede con el uso del alcohol y las adormideras. Quizá el león, aquejado de la misma ansiedad, está sugiriendo fortaleza.
Hurgando en el clima cultural de la ciudad de Huesca
El rafe fue hecho en 1541. Todo el siglo XVI fue muy difícil para la cultura europea de raíces cristianas. De esta dificultad formaba parte la ignorancia, el simplismo que siempre trae consigo inseguridad y miedo, sobre todo en el mundo rural. En el siglo XVI, época de sincretismos, se prodigaron las ciencias ocultas. De esta ignorancia, simplismo e inseguridad participaba el clero rural, sin otra preparación que la que hubiera podido recibir del cura predecesor que tampoco había tenido oportunidad de instruirse. En las “fiestas de los locos” el clero participaba con la misma naturalidad y promiscuidad que el resto del pueblo
. Hay que tener muy presente que los seminarios no se fundaron hasta las últimas décadas del siglo XVI. En Huesca, no obstante no hay ninguna noticia relacionada con esta parodia de la «fiesta de los locos» que tenía lugar por Navidad que en su catedral se celebraba con especial énfasis. Hubo un tiempo en que también aquí se cantaba el canto de la Sibila que en Huesca conserva su propia versión. Por Navidad tenían lugar el canto o recitado de los villancicos que eran compuestos con contenido satírico. La gente asistía a pesar de las inclemencias de la noche (ANM, La catedral de Huesca, Huesca 2020 p. 98 ).Hay una tesis doctoral, la de la profesora María Tausiet, que si bien se centra en la brujería, aporta mucha información para recomponer el contexto social cristiano del siglo XVI en el Alto Aragón ( M. Tausiet, Ponzoña en los ojos/Brujeria y superstición en Aragón en el siglo XVI, Zaragoza 2000).
En este contexto favorecido por lo que era entonces modernidad había una ramas del saber, o de lo que se creía que era saber, que estaban presentes, arraigadas, y eran recurso en las inseguridades, siempre existenciales del diario vivir, eran las llamadas ciencias ocultas, que se prodigaron con intensidad y difundido interés.
Para todos, fueran cultos o iletrados, la búsqueda de solución a sus preguntas e inseguridades encontraba en estas ciencias un papel muy destacado. Este venía dado tanto en la astrología cuya lectura podía condicionar el día del comienzo de una guerra o de celebración de una boda, hasta la adivinación, brujería, nigromancia, que ofrecían el espejismo de calmar la ansiedad de cualquiera, versado en el saber o analfabeto, para mitigarla. Me resultó una aportación muy sugerente que sin duda puede dar una explicación incluso para este alero, el trabajo del profesor Sergio Paul. Rastreó exhaustivamente en los libros de las bibliotecas de los colegios vinculados a la Universidad de Huesca, y aportó nominalmente el listado de los muchos libros que en sus bibliotecas se conservaban relacionados con las ciencias ocultas, para conocerlas, reprobarlas o como explicación de lo que eran y conseguían. Parte de la aportación de este profesor consiste en señalar nominalmente aquellos que estaba “expurgados” es decir que había sido proscritos, en todo o en parte. A pesar de ello se conservaban en las bibliotecas.
( S. Paul Cajal, “Filosofía natural, Cábala, Astrología, Alquimia y Brujería en el entorno de la Universidad de Huesca en el siglo XVI”, en VI Congreso Internacional de humanismo y pervivencia del mundo clásico-homenaje al profesor Eustaquio Sánchez Salor, Alcañiz 19 al 24 de octubre de 2015 (en prensa); “La alquimia en el entorno de la universidad de Huesca en el siglo XVI”, en Diario de Huesca, 17-XI-22)
Que esta constatación se haga en las bibliotecas de la Universidad oscense, coincidiendo con los siglos XVI y XVII, es altamente dilucidadora, pues pone de manifiesto el interés de colegios como los de los Jesuitas, Carmelitas Calzados, Descalzos y Franciscanos… Mucho más allá de subrayar la presencia de la brujería y haber convertido este tema en tema de venta con todo lo que de macabro y sádico tiene, pone de manifiesto, un mundo de carencias e inseguridades.
Las cosas comenzaron a cambiar con el Concilio de Trento (1545-1563), pero hasta entonces e incluso después la desorientación y atolondramiento estuvo presente en la sociedad creyente, mereciendo atención cualquiera que ofreciera una pista para obtener seguridad. No es descabellado que este ambiente, que también era el de la culta ciudad de Huesca con su Universidad, los seres del alero de la Catedral que alargan sus orejas y que ensanchan sus fauces mostrando estar al borde de la histeria corran el riesgo de buscar la amortiguación recurriendo al vino como siempre ha hecho y a las adormideras o a los alucinógenos, como también siempre se ha hecho, y que puede ser lo que está haciendo el de la redoma, para lo cual entre otras ciencias ocultas, la alquimia proporcionaba lo que creía que era más útil. Esta ciencia consideraba el alcohol, conseguido por destilación, un gran descubrimiento. . Recuérdese el magnífico poema medieval del Carmina Burana.
La excepcionalidad de la Catedral
La lectura del tejaroz hay que hacerla en relación con el resto de la portada, en el contexto religioso y teológico de la época y en la ubicación concreta de la ciudad de Huesca. A partir de aquí, y por aquello de que lamentablemente no disponemos de una fuente literaria precisa que ilumine estas figuras, muchas otras hipótesis se podrán formular. En ningún caso se deberá olvidar que se detecta un hilo conector a lo largo de toda la imaginería de la Catedral de Huesca que va desde los soportes del apostolado de la portada hasta las desaparecidas vidrieras del presbiterio, pasando por la excepcional, por única, cenefa del interior de la nave central. Es posible una lectura continuada. El haber sido cada parte hecha en diferentes épocas, pone de manifiesto que en la Catedral había unas ideas claras, concatenadas de generación en generación, en función de una trayectoria de una misma historia soteriológica. La portada de la Catedral no es fruto del antojo de los escultores, ni de la frivolidad de aquel al que se le ha encargado que la “decore a su gusto”. No solo no fue así, sino que hay indicios de que toda la Catedral de Huesca fue levantada siguiendo un discurso continuado a lo largo de los tiempos, que incluye más metáforas de las que hoy podemos leer (ANM, La Catedral de Huesca, Huesca 2020).
Hasta este Concilio de Trento la cultura cristiana, sintió progresivamente el peso de una carga doctrinal dogmatizada que además de ser difícilmente digerible era presentada como incuestionable pues estaba revelada, es decir, impuesta desde el más allá. Nadie o muy pocos podían dudar, porque la duda no era factor que tuviera cabida existencial. Paralelamente el ser humano por muy creyente que fuera necesitó aliviar esta carga o llenar los vacíos elucubrando, formulando, fantaseando, escudriñando en otros puntos de apoyo, que aliviaran la carga y facilitaran las respuestas a lo divino y lo humano, a lo natural comprobado y a aquella otra dimensión de la realidad simplemente intuida. Desde que el hombre empezó a pensar fue elaborando contestaciones a sus preguntas que, en parte, en el siglo XVI, estaban codificadas en múltiples ciencias ocultas, que no se podían acomodar a la ortodoxia. De ello es eco toda la Catedral de Huesca, y, en particular las tallas de su alero.
De la atmósfera catequética y moralizante generalizada en la sociedad medieval y siglo XVI no podía estar exenta la ciudad de Huesca. Más, no es pretencioso decir que aquí se dio con intensidad. Aunque se nos escape, porque se ha perdido la percepción y el interés, y carecemos de estudios particularizados, se intuye que a lo largo de todos los tiempos en la ciudad hubo un nivel cultural destacado con la consiguiente sensibilidad. Se fraguaría en la escuela islámica de Wasqa, de la que formó parte el judío Mose Sefardi (Pedro Alfonso), y se mantuvo con la escuela de Gramática inicialmente vinculada a la Catedral, constituyendo una de las razones, por la que Pedro IV estableció el Studium Generale, en Huesca. Catedral y Escuela, Studium y Universidad estuvieron siempre interrelacionados mediante docentes que se movían por las mismas instituciones. No es aventurado decir que pensaban con visión de futuro sin romper con el pasado. Unos contenidos conceptuales sucesivamente concatenados ayudarían a percibir una continuidad en la construcción de la Catedral a lo largo de los tiempos. Esta continuidad constructiva explicitarían, a su vez, la voluntad en mantener la fidelidad a una moralidad de hecho inmutable.
Cuando se hace el rafe en 1541, la ciudad como todo centro intelectual viviría las corrientes de pensamiento o de sucedáneos del pensamiento, propios del momento. Las creencias y sus variantes, la superstición y la magia, estaban supervisadas. De allí la presencia del magistrado en el alero. En 1545 comenzó el Concilio de Trento que duró veinte años. Precisó, reguló, anatematizó y puso las bases para perseguir todo lo que no se adecuara a lo que en sus aulas quedó establecido. Y así fue también en Huesca donde la Universidad era eminentemente clerical y seguía los mandatos de la iglesia, siendo impensable cualquier otra cosa.
La lectura propuesta para el alero de la Catedral de Huesca no es más que una posibilidad, pero como variante de la trasmisión de contenidos es legítimo yuxtaponerla a otras informaciones particulares que forman un conjunto en el significado de la Catedral. Esta no es solo una peculiar realidad arquitectónica, sino también un discurso redactado por etapas que en conjunto escriben un relato de creencia y de pensamiento fruto de cada época que, a su vez, consolida y conforma parte de la historia del pensamiento, sentir y creer de nuestra cultura occidental: la Catedral fue levantada con el apoyo de la figura geométrica del cubo cuyo cuadrado generatriz conlleva, la “quinta” esencia, la de la armonía, perfección y belleza. Pero a su vez, y como tónica que daba sentido tiene inscrita en cada parte un aspecto de la doctrina cristiana. La portada es todo un tratado de moral y catequesis. El tejaroz con seres anormales, la cenefa-imposta, mediante metáforas, con las que estaban familiarizados, constituyen un largo y continuado relato completado en diferentes momentos que terminaba en las vidrieras, también del siglo XVI, como el tejaroz, el sacrarium de la sacristía, cámara oculta, “caverna” en la que también se dice algo en sus tres capiteles figurados, la presencia del laberinto lleno de sugerencias en la capilla del Cristo, el efecto lumínico de la ventana enfocada equinoccialmente al óculo de la capilla del Sacramento…, no son constataciones aisladas. Solo frívolamente se pueden reducir a anécdotas fruto de la mera coincidencia. El alero es como un hito en esta trayectoria, que sin duda fue redimensionada por el Concilio de Trento.

(Foto ANM, 2020)
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Trabajos relacionados:
https://antonionavalmas.net/la-catedral-de-huesca/
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Nota: en la clarificación de aspectos de este trabajo ayudaron el profesor Sergio Paul y la investigadora freelance Mª Angeles Galindo.








