
Suele ser una tarea de las instituciones destacadas recoger en colección las imágenes de aquellos que las han presidido. Según los casos, el interés y las posibilidades esta colección se ha realizado con distintos grados de esmero.
No fue este el caso del obispado de Huesca. Solo a partir del acceso a la fotografía se llevó a cabo tal proyecto. El primer retrato mediante este medio fue con el obispo don Basilio Gil y Bueno a mediados del siglo XIX. Con antelación son escasos los retratos pintados. Respecto al sobresaliente obispo que fue don Pedro Frago se puede concluir que la efigie de este obispo coincide con la de la escultura yacente que hay en su sepulcro de la localidad de Uncastillo.
Con antelación cualquier imagen que pueda aludir a alguno de ellos es el pretexto para evocarlos. Fue muy tardíamente cuando se entendió que la reproducción que se acercara a la realidad era una forma de pervivir en el tiempo. Lamentablemente nos gustaría tener un pretexto por fantasioso que fuera de obispos que han sido figuras relevantes como Juan de Aragón, pero al menos por ahora, no hay nada que nos permita pensar en ello.
El proyecto adjunto es un intento más voluntarioso que efectivo pero por ahora no da para más. Cualquier apoyatura puede ser válida y entre ella los sellos que validaban los documentos. Curiosamente de alguno de ellos se tiene la impresión de que quisieron personalizar la representación. Es evidente que eso dependia de la precisión de orfebre de quien lo moldeaba. En el caso del Obispo Garcia de Gudal los resultados son sorprendentes. Otro tanto se puede decir de las laudas sepulcrales que quieren ser personalizadas.
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